sábado, 19 de mayo de 2012

La historia del único terremoto que la ciencia ha podido predecir

La historia del único terremoto que la ciencia ha podido predecir

Sólo una vez en la historia reciente los sismólogos lograron anticipar con éxito un megasismo y evacuar a la población. La elevación del agua de los pozos y el extraño comportamiento de los animales fueron algunas de las señales de alerta. Conozca la sorprendente historia.

SANTIAGO.- Pese a que los científicos todavía son reacios a aceptar que se puedan predecir los terremotos, hubo una vez en la historia reciente en que un equipo de expertos logró anticipar un sismo, salvando miles de vidas.

Fue el 4 de febrero de 1975, cuando un destructivo terremoto de 7,3 Richter azotó a la localidad de Haicheng, en el noreste de China, dañando casi la totalidad de las estructuras de la urbe.

Unas horas antes se había emitido una inédita alerta advirtiendo de la catástrofe, por lo que la población fue evacuada y la mayoría de los habitantes logró sobrevivir.

El director del Servicio Sismológico de la Universidad de Chile, Sergio Barrientos, entrega algunas luces sobre las razones de la sorprendente predicción y por qué nunca más se pudo repetir la hazaña.

El experto cuenta que a principios de los años '70 estaba en boga la "teoría de la dilatancia", que indica que cuando se comprime una roca ésta cambia sus propiedades físicas, originando una serie de señales que son consideradas precursoras de los terremotos.

Estos indicios se pudieron observar en Haicheng antes del sismo gracias al monitoreo que realizaron expertos liderados por Cao Xianqing, jefe de la Oficina Sismológica de Yingkou. Entre los fenómenos que se detectaron en los días previos se cuentan cambios en la conductividad eléctrica de la tierra y en la velocidad de propagación de las ondas P y S (primarias o compresionales, y secundarias o transversales), así como alteraciones en el nivel de gas radón.

También se observó un aumento en el nivel del agua de los pozos, "porque cuando se comprime una roca, el agua que está contenida al interior de la roca, que actúa como una esponja, aflora", explica Barrientos.

Otras situaciones que llamaron la atención de los científicos fueron cambios en el comportamiento de los animales.

"Era febrero en el hemisferio norte, hacía mucho frío, y algunos animales que hibernan, como cierto tipo de culebras, salieron a la superficie y murieron congeladas", indica el experto.

Pero lo determinante para decretar la evacuación de la población fue la ocurrencia de una serie de "foreshocks" o temblores pequeños, considerados "precursores" de terremotos. Durante la madrugada del 4 de febrero de 1975 se registran varios de estos sismos, incluyendo uno que alcanzó una magnitud 5,1 Richter a las 7:51 AM.

Poco después, a las 8:15 AM, según consta en un artículo de 2006 de la Seismological Society of America, se realizó una reunión de emergencia en la que el científico Cao Xianqing advirtió a las autoridades que un gran terremoto podía ocurrir ese mismo día, por lo que se debían adoptar medidas.

Tras la cita, el gobierno local dispuso un amplio operativo para evacuar a la población, incluyendo las zonas urbanas y rurales, y al mediodía ésta ya se había concretado.

A esa misma hora, Cao notó que había disminuido la actividad telúrica, lo que para él significaba que se comenzaba a acumular la energía final antes del terremoto.

Según la versión de cercanos, el especialista dijo que mientras más tarde ocurriera el terremoto su magnitud iba a ser mayor. Si se producía a las 7 PM iba a ser de 7 Richter, y si era a las 8 PM iba a ser de 8 Richter. Finalmente ocurrió a las 7:36 PM y fue de magnitud 7,3 Richter.

De acuerdo a los reportes de la época, unas 2 mil personas murieron a causa del terremoto en Haicheng, pero de no haberse decretado la evacuación de la población se estima que la cifra habría superado las 100 mil víctimas.

Éste es el único caso de predicción de un terremoto que ha sido reconocido por el mundo científico. "Haicheng fue el emblema de que la predicción de terremotos era posible y que era cuestión de observar ciertos fenómenos para tener la respuesta. En ese momento todos creían que el problema de la predicción estaba resuelto", dice Barrientos.

La tragedia que no se pudo evitar

Pero este entusiasmo duró muy poco tiempo. Al año siguiente, el 28 de julio de 1976, en Tangshan, a sólo 400 kilómetros de Haicheng, se produjo otro terremoto de 7,5 Richter que causó la pérdida más grande de vidas humanas que se conoce: 250 mil, según fuentes chinas, y 800 mil, de acuerdo a estimaciones occidentales.

Este terremoto no se pudo anticipar, pese a que fue parecido al de Haicheng y a que se estaba realizando el mismo tipo de monitoreo. La diferencia es que esta vez no se presentó ninguno de los fenómenos precursores que estuvieron en el primer caso.

Barrientos explica que con este episodio quedó demostrado que la teoría de la dilatancia, "que se creía como una receta para poder predecir terremotos, no funciona", pues si bien sirvió para predecir un terremoto en particular, estos fenómenos no siempre se presentan antes de un temblor.

"Cuando en ciencia se tiene una hipótesis, debe funcionar bajo ciertos supuestos y predecir. Y en este caso no ha sido así. Esta hipótesis de la dilatancia funcionó para un temblor pero no para todos y, por lo tanto, no es válida", asevera.

Tras el fracaso de esta teoría, la comunidad científica se desmotivó. "Desde lo que se creía era un logro, que ya estaba prácticamente el problema resuelto, se pasó a una situación en la que nuevamente hay muchas incertezas. Incluso en este minuto la pregunta es si es que algún día se podrán llegar a predecir, ni siquiera de eso estamos seguros", admite el director del Servicio Sismológico.

Pese a ello, en algunas zonas altamente sísmicas del mundo aún se realizan experimentos asociados a esta hipótesis. Es el caso de Parkfield, California, Estados Unidos, donde a principios de los '80 se instalaron equipos para monitorear las posibles alteraciones del terreno, pero hasta ahora no ha detectado ninguno de estos fenómenos.

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